Guardiola en el Old Trafford

El Manchester City sumó su 14ª victoria consecutiva en la Premier League, hito histórico en la competición, para asestar un golpe contundente a la liga inglesa. El líder del campeonato asaltó Old Trafford en un derbi de Manchester de ritmo más bajo que alto y de más mate que brillo. No necesitó Guardiola entrecerrar los ojos ni elevarse en el juego para transmitir la sensación de que puede y sabe competir desde planteamientos y posiciones menos protagonistas. Y no porque lo buscara, sino porque así sucedió con el pasar de los minutos. Hasta el descanso, un guion de partido esperable. No así su cómo. Pep cambió muchas cosas.
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El qué, como se ha adelantado, sí fue por el cauce de siempre. Mourinho se preparó para tener muy poco la pelota y maximizar un contragolpe para el que Martial y Rashford por velocidad y Lukaku por envío directo completarían un plan que de entrada contaba con ciertos déficits individuales en su defensa posicional que fueron explotados por un cómo muy diferente en los citizen. Guardiola modificó muchas posiciones, seguramente con la intención de reducir el impacto de los posibles ajustes que realizaría Mou de cara al choque. Con Silva y De Bruyne ocupando el interior opuesto, el español en derecha y el belga en izquierda, con Sané en la derecha y Gabriel Jesús con libertad para caer a la izquierda y con Sterling, en el movimiento más relevante de la noche, como falso ‘9’.

En esa disposición, el City dominó con claridad, llegando a jugar con todos sus hombres en campo contrario. Su dominio, aunque no fue imponente ni demoledor, sí explicó la solidez de su estructura, transmitiendo una sensación de solvencia preparada para perder la pelota bien y recuperarla muy rápido como argumentos y credenciales para desconectar las veloces bandas y el poderoso ‘9’ del contragolpe red devil. Los movimientos de Sterling, que jugó prácticamente sin marca, pues no se intuía quien podía ir a por él una vez Matic y Herrera miraban a Silva y De Bruyne, fue el movimiento más acertado y dominante del de Santpedor.
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En esos primeros 45′ el United ni robó ni transitó. Su defensa posicional parecía asumir que sólo debía defender. Fue algo extraño la manera con la que los hombres de Mourinho basculaban y ajustaban entre líneas, acumulando muchísimos jugadores por dentro y en la frontal, siendo superados por fuera y sin demasiada fortaleza en el área. Old Trafford vio a su equipo nervioso y superado. La ausencia de posiciones fijas en las filas de su oponente desdibujó y confundió las posibles ventajas que suele construir Mourinho en sus momentos más reducidos. Pep ganaba a los puntos con bastante claridad.

Lo cierto es que al descanso Rashford había igualado el gol de Silva y desde ahí, Pep modificó de nuevo las cosas. Sobre todo tras el gol de Otamendi. La entrada de Eliaquim Mangala para fortalecer el juego directo sobre Lukaku y el balón parado redujo las posibilidades de empate y mantuvo un control diferente al de la primera parte que cerró un partido que expuso las distancias que existen en este momento entre el Manchester City… y el resto de competidores por el título.